
Historia de recuperación y liberación · B43
Mateo: de la soledad al regreso a la libertad
La historia de Mateo (B43) y su hermano Diego.
Mateo es un loro frentiamarillo (Amazona ochrocephala). Llegó a Fundación Loros en noviembre de 2023, después de ser entregado voluntariamente a Barranquilla Verde junto con su hermano Diego. Mateo fue identificado como B43.
Ficha técnica
El caso en datos
- Especie
- Amazona ochrocephala — lora frentiamarilla
- En cautiverio
- Abril de 2018 – noviembre de 2023 · más de 5 años
- Fecha de ingreso
- 28 de noviembre de 2023
- Inicio de la reintegración a la naturaleza
- 18 de junio de 2026
- Origen
- Barranquilla
- Destino
- Fundación Loros · Red de Amigos de la Fauna Silvestre de Cardique
- Autoridades involucradas
- Barranquilla Verde · Cardique
Autoridades ambientales


Una vida entre cuatro paredes
Mateo y Diego no eligieron vivir entre personas. En abril de 2018 fueron comprados en un mercado de Barranquilla —uno primero y el otro al día siguiente— y pasaron a vivir como mascotas, lejos del bosque y de la bandada a la que pertenecían.
Durante más de cinco años su mundo fueron cuatro paredes. Vivían en una casa pequeña, sin patio ni árboles; en las tardes se cerraban las ventanas para meterlos adentro. Quienes los cuidaron recuerdan que, las pocas veces que salían, los dos se quedaban mirando el cielo.
Su familia jura que uno de ellos parecía decir, una y otra vez, una frase que lo decía todo:
Uno se aburre aquí, uno se aburre aquí.
Con los años llegaron a la adultez, y con ella despertó el instinto de formar pareja. En 2023, Mateo empezó a cortejar a su único compañero, sin respuesta posible. Una semana después comenzó a arrancarse las plumas del pecho. El encierro, la monotonía y un instinto natural sin salida fueron desencadenando el picaje, hasta dejarlo casi sin plumas.
En cautiverio · 2018 – 2023





La decisión de dejarlos ir
Con el tiempo, a quien los cuidaba le empezó a pesar tenerlos encerrados. Le contó a la fundación que se entristecía al verlos en la jaula y que, cada vez que salía y veía aves libres surcando el cielo, lo invadía una culpa difícil de cargar. A eso se sumó entender que tener fauna silvestre en casa es ilegal, justo cuando las autoridades empezaban a hacer más decomisos.
Un día encontró a Fundación Loros en Instagram. Vio la foto de un loro posado, libre, sobre un árbol, y pensó: «ahí van a estar los míos». Nos escribió para preguntar cómo entregarlos, y le explicamos el camino correcto.
La entrega de un animal silvestre debe hacerse siempre ante las autoridades ambientales (conoce cómo aquí), nunca directamente a una fundación. Por eso llevó él mismo a Mateo y a Diego, en taxi, hasta Barranquilla Verde, la autoridad ambiental del Distrito de Barranquilla. Barranquilla Verde, en coordinación con Cardique, gestionó el traslado de los loros —y de otros animales— hasta Fundación Loros. No fue un abandono, sino un acto de amor: elegir el bienestar de los loros por encima de su propia compañía.
La historia no terminó ahí. La familia que los tuvo ha vuelto varias veces a la reserva, a sembrar árboles y a donar alimento para los loros que hoy se recuperan. De tenerlos encerrados, pasaron a ser aliados de su libertad.

01 · La llegada · Noviembre 2023
Un cuerpo marcado por el encierro
Su condición era preocupante. Había perdido gran parte de su plumaje debido a un severo cuadro de picaje.
Se había arrancado todas las plumas que alcanzaba: su cuerpo estaba cubierto principalmente por plumón y no podía volar en absoluto.
Apenas ingresó, Mateo pasó por una cuarentena junto a los loros que fueron entregados con él. Es un paso obligatorio en todo proceso de rehabilitación: permite descartar enfermedades contagiosas, confirmar que el ave esté bien y evitar cualquier riesgo de contagio para el resto del aviario.
Con el paso de los días, Mateo fue mejorando, y ninguno de los loros que ingresaron con él empeoró.


El picaje: una conducta compleja
El diagnóstico fue picaje. Rara vez tiene una sola causa: lo habitual es que varias actúen al mismo tiempo. Entre las más probables están:
- el déficit sensorial —el aburrimiento de jaulas pequeñas y sin elementos lúdicos;
- el estrés ambiental por ruidos, mala iluminación o suciedad de la jaula;
- la frustración sexual y la pérdida del estímulo social cuando el loro vive en soledad;
- los problemas de piel o nutricionales del propio ejemplar;
- y las causas infecciosas, como virus o dermatitis —bacterianas, micóticas o por ácaros.
Diferenciar entre todas estas causas no es algo que pueda hacerse a simple vista. Por eso es fundamental que tanto el diagnóstico como el tratamiento estén siempre en manos de un veterinario especialista; cuando el cuadro es severo, el ave puede incluso requerir medicación.
En el caso de Mateo no fue necesaria medicación. Su historia apuntaba a una combinación de factores: la falta de enriquecimiento ambiental —años en una percha, sin nada que hacer— y, muy probablemente, la frustración sexual. Según contó quien lo cuidaba, el picaje empezó cuando despertó en él una conducta de cortejo que no tenía dónde realizarse. La respuesta no fue física, sino rodearlo de un entorno lleno de estímulos.

02 · El tratamiento · 2024–2025
Devolverle lo que el cautiverio le quitó
El tratamiento consistió en devolverle aquello que había perdido durante años: una alimentación adecuada, enriquecimiento ambiental, acceso al sol y la lluvia, supervisión veterinaria, un ambiente natural tranquilo y, sobre todo, la compañía de otros loros.
Como en esta primera etapa no podía volar, su entorno se diseñó para protegerlo: solo compartía espacio con loros tranquilos o que tampoco podían volar, para evitar peleas en las que quedara en inferioridad de condiciones; y se le ubicó en aviarios bajos, porque sin plumas una caída desde lo alto podía ser mortal.
Con el paso de los meses comenzó una transformación lenta pero constante. Nuevas plumas aparecieron donde antes solo había piel y plumón. Recuperó fuerza, confianza y habilidades naturales, integrándose poco a poco a un grupo social estable.
Cerca de año y medio después de su llegada, ya con plumaje suficiente, fue trasladado a un aviario con otros loros emplumados para iniciar su entrenamiento de vuelo, siempre bajo el monitoreo del equipo.



Las claves de su recuperación
Tres pilares para que un loro sane
Alimentación adecuada
Una dieta variada y lo más cercana posible a la natural: verduras y hortalizas, legumbres y frutas frescas, con semillas siempre en mínima proporción. Cuanto más se parezca a lo que comerían en el bosque, mejor.
Enriquecimiento ambiental
Un entorno lleno de ramas, hojas y frutos para morder y explorar. El movimiento y la curiosidad mantienen activos el cuerpo y la mente.
La compañía de su especie
Lo más importante: estar rodeado de otros loros, idealmente de su mismo nivel y de su misma especie. Los loros aprenden y se recuperan junto a sus pares.
Comer como en el bosque
En libertad, la dieta de los loros se compone sobre todo de bayas, flores, hojas, semillas y frutos silvestres. En cautiverio, en cambio, suele ser deficiente, con un exceso de carbohidratos y grasas que el ave nunca encontraría en la naturaleza.
Por eso, una buena alimentación en cautiverio debe ser variada: verduras y hortalizas (zanahoria, espinaca, mazorca, apio, pimiento, auyama con sus semillas, pepino), legumbres (garbanzo cocido, lentejas), frutas (papaya, mango, guayaba, ciruela, mamoncillo) y, en menor proporción, semillas (millo, linaza, girasol).
Las semillas de girasol deben darse en cantidades mínimas y nunca como alimento principal: en exceso son muy perjudiciales para el ave.
En Fundación Loros estamos estudiando qué comen los loros en su entorno natural para acercar cada vez más su alimentación a la silvestre. Puedes conocer ese trabajo en nuestro estudio de alimentación silvestre.
La alimentación es apenas una pieza: la rehabilitación es un proceso completo y, como tal, debe ser realizada siempre por profesionales.
En video · El tratamiento
Volver a tener alas

03 · La libertad · 18 de junio de 2026
De vuelta al lugar que le corresponde
Hoy, 18 de junio de 2026, más de dos años y medio después de su llegada, Mateo inicia una nueva etapa.
Aunque todavía conserva algunas secuelas visibles del picaje, ha recuperado una capacidad de vuelo completamente funcional, mantiene relaciones sociales estables con otros loros y muestra un comportamiento tranquilo y adecuado para la vida en libertad. Por estas razones, comienza oficialmente su proceso de reintegración a la naturaleza.
Afuera lo esperan sus loros amigos, que lo han acompañado durante estos dos años; gracias a ellos, su reintegración será más fácil: los loros aprenden de sus pares. La estación de liberación cuenta con comederos, bebederos y guardias ambientales que monitorean su progreso para asegurar que siga bien.
El regreso de Mateo fue posible gracias al trabajo articulado de tres instituciones: Barranquilla Verde, que recibió su entrega voluntaria; CARDIQUE, la autoridad ambiental que autoriza y vigila el proceso; y Fundación Loros, que lo rehabilitó. Juntas le dieron una segunda oportunidad.
En video
El momento de volar
La transformación
De cómo llegó a quién es hoy
Más de dos años y medio separan una imagen de la otra.


Nov 2023 – Jun 2026
En rehabilitación
Más de dos años y medio
0
Medicamentos
Solo cuidado, ambiente y compañía
B43
Mateo
Entregado con su hermano, nov 2023
La soledad también deja heridas profundas.
Los loros son animales profundamente sociables: viven en bandada, se comunican y aprenden unos de otros. Por eso el cautiverio y el aislamiento son lo peor que le puede pasar a un loro, y ese estrés no se queda en lo emocional: termina pasando factura al cuerpo —el picaje que arranca las plumas, las defensas que bajan, el vuelo que se pierde—, como vimos en Mateo. Su historia nos recuerda que los loros, y toda la fauna silvestre, pertenecen a la libertad: a los bosques de donde nunca debieron salir.
La historia continúa
El inicio de la reintegración no es el final del camino: es el primer paso hacia la libertad. A partir de ahora, Mateo y sus compañeros podrán explorar cada vez más lejos, pero con una red que los sostiene: comederos y estaciones de alimentación, cuidadores atentos y monitoreo continuo.
La reintegración plena de un loro adulto que pasó muchos años en cautiverio es un proceso lento: recuperar las competencias ecológicas —reconocer alimentos silvestres, leer el entorno, moverse con la bandada— toma tiempo, y acompañaremos cada etapa de ese aprendizaje.

Mateo lo logró. Otra lora frentiamarilla aún espera.
Su recuperación fue posible gracias a meses de alimentación adecuada, enriquecimiento, cuidado veterinario y monitoreo. Al apadrinar una lora frentiamarilla sostienes ese mismo trabajo y le abres a otro loro el camino de regreso a la libertad.
Rehabilitación responsable
La rehabilitación de fauna silvestre es trabajo de profesionales
Todo proceso de rehabilitación debe estar a cargo de profesionales. Si tienes un animal silvestre y quieres entregarlo a las autoridades ambientales, te ofrecemos la información para realizar el proceso correctamente; y si quieres conocer cómo trabajamos, te invitamos a leer nuestro método.

Vigilancia y cumplimiento ambiental
El logotipo identifica a la autoridad ambiental que ejerce la vigilancia; su uso no implica patrocinio ni alianza.
