José Marín camina los límites del cerro El Peligro
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
Desde el piedemonte de Arenal hasta la cima del cerro El Peligro, José Marín —encargado de seguridad de la Fundación Loros— recorrió hoy a pie cada tramo del sendero y confirmó algo que vale la pena registrar: todo el trayecto transcurrió dentro de las tierras de la institución. En el camino fue saludando a los campesinos vinculados a la Fundación, Daniel Otero Ríos, Vidal Galindo Ríos y Efraín Almeida Castillo, y se cruzó con el señor Juancito, quien se detuvo un momento junto al cartel de Área Protegida para posar con el pulgar en alto. El único que no apareció en su punto fue Luis Emiro Ricardo García, cuyo rancho amaneció vacío, como que no se acercó por esos lados hoy.
Al llegar a la parte alta del cerro, José encontró un lago que guarda más promesa que agua: el líquido entra y se escapa sin quedarse, y habrá que recobrarlo. Desde ahí, sin embargo, la vista es de esas que detienen a cualquiera —un panorama que conecta visualmente con las aguas de Arenal que corren ladera abajo. Entre las piedras del cerro El Peligro también registró unos cactus que el sol de la tarde volvía casi dorados, una imagen que pocas veces se piensa cuando se habla de esta reserva caribe.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.