Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
Hay un letrero verde plantado en la orilla del predio, donde el terreno despejado se encuentra con la sombra del bosque. Dice lo que no se puede hacer aquí: no cazar, no quemar, no talar. Lo administran la Fundación Loros e Inversiones Riman S.A.S., y unas cámaras lo vigilan las veinticuatro horas. Ese día, José Marín vino desde la Fundación a hacer una visita de inspección al área protegida, cerca de Cartagena.
Lo acompañó Juancito, uno de los campesinos de la zona. Se paró junto al cartel con el pulgar en alto y las botas de caucho bien puestas, como quien conoce ese pedazo de tierra mejor que nadie. No hacía falta decir mucho más: la foto lo contaba todo. El monte detrás, el sol encima, y ese hombre posando al lado de las reglas que él mismo ayuda a respetar.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.