Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros·Revisado por Alejandro Rigatuso
El miércoles 13 de mayo, el EPA trajo de vuelta al bosque seco tropical lo que le pertenecía: un perezoso de tres dedos macho adulto, rescatado y rehabilitado por la misma entidad, listo para reanudar su vida entre las ramas. En cuanto lo pusieron al pie de un yarumo, el animal subió con una agilidad que desmiente su fama de lento, aferrando sus largas garras a la corteza clara del tronco mientras ascendía hacia la copa.
Desde arriba se detuvo. Giró la cabeza con esa calma suya, inconfundible, y miró hacia abajo — hacia Alejandro, hacia los funcionarios del EPA, hacia los niños del colegio Avante que ese día habían llegado al santuario como parte de una jornada de educación ambiental. La mancha naranja y negra de su espalda brilló entre la vegetación. No se sabe qué vio él desde allá arriba, pero los que estaban abajo coinciden: parecía que nos mirara un buen rato antes de decidirse a seguir.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.