
miércoles, 15 de abril de 2026
La B87 siempre vuelve a casa Paraíso
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
Omar la vio llegar esta tarde, como si nada, posándose tranquila cerca de la casa Paraíso. La B87 —una guacamaya cheja, Ara severus, con su placa verde bien visible entre el plumaje— venía de regreso de la Reserva La Ciénaga, en Santa Rosa de Lima, donde tiene costumbre de visitar otras guacamayas y loros antes de retornar al bosquecito de la Fundación. Ese ir y venir ya es parte de su rutina.
Lo que la trae de vuelta, sin embargo, es una historia cargada de pérdida. Cuando la B87 fue liberada primero desde el aviario 2, su pareja quedó adentro. La desesperación la llevó a intentar escapar entre los alambres, y no lo logró. La B87 quedó viuda sin haberlo sabido todavía. Después anduvo un tiempo en compañía de la B90, las dos juntas en este mismo bosquecito, hasta que cada una tomó su rumbo: la B90 se fue hacia el cerro, y la B87 se quedó.
Y aquí sigue. Viaja, explora, visita, pero regresa siempre al rincón donde habitó con su pareja y con la B90. Hoy, a las tres de la tarde, Omar la vio llegar y supo, sin necesidad de binoculares, que era ella.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.


