Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros·Revisado por Alejandro Rigatuso
Hace unas semanas, Sombrerito —el loro amazónico marcado como B12— llegó a las instalaciones de la Fundación Loros con una herida que lo cambiaría para siempre: había perdido un ojo, probablemente en una pelea. Lo que vino después fueron días de cuidados intensivos, de incertidumbre sobre si el animal podría volver al aire libre en condiciones dignas.
Ayer lo soltamos. Y esta mañana, Omar salió con la cámara y lo encontró volando. No solo eso: Sombrerito llegó al uvital acompañado de B11 y un tercer compañero, posó sobre una viga de madera como quien no tiene ningún afán, y luego volvió a levantar vuelo entre la vegetación tropical que rodea la reserva.
Las fotos lo dicen todo. Un loro con un ojo, libre, entre sus parceros, sin señales visibles de que la vida le deba una explicación. Para nosotros, esa imagen —Sombrerito posado tranquilo con su anillita B12 bien puesta— vale más que cualquier informe de recuperación.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.