
domingo, 26 de abril de 2026
B68 y el umbral que tardó en cruzar
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
El guardabosque Omar abrió la puerta del aviario #3, en el rincón de la reserva que todos aquí conocen como el bosquesito, y esperó. Del otro lado estaba B68 — un loro amazónico de cabeza amarilla, anilla verde en la pata, plumaje del color exacto de la selva que lo estaba esperando. Pero B68 no se movió. Se quedó varios minutos parado en el comedero, mirando ese umbral como si midiera el peso de lo que había al otro lado.
Hay algo que las fotografías capturaron bien ese 27 de abril: la bandeja de frutas y semillas donde el pájaro había desayunado, la malla metálica del aviario con sus postes de madera, y al fondo, visible a través del cerco, la vegetación tupida del trópico. Todo listo. Solo faltaba que B68 decidiera.
Cuando finalmente cruzó, no hubo fanfarria. Salió hacia el entorno boscoso como quien termina una frase que venía construyendo desde hace tiempo. Omar lo registró en video y fotografías. El aviario #3 quedó con la puerta abierta y el comedero vacío.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.




