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lunes, 27 de abril de 2026

Tres hormigueros suben al mango

Por Alejandro | Los Loros


El 27 de abril, en ese corredor de sombra que corre entre la casa Paraíso y el sector de los Guardianes, tres tamandúas mexicanas tocaron por primera vez la tierra de la Fundación Loros. Las había traído el CAV del EPA —el Centro de Atención a la Fauna Silvestre de la autoridad ambiental de Cartagena— y las recibieron Alberto, Carlos y Omar, junto a Lorena, la veterinaria que acompañó el proceso desde el otro lado. Eran tres: un adulto solitario y una hembra que cargaba su cría. Cuando abrieron los contenedores, los animales no dudaron. Los tres treparon de inmediato el árbol de mango que estaba ahí, como si supieran exactamente hacia dónde ir —esas garras curvas, hechas para abrazar corteza, encontrando su sitio natural entre las ramas. La tamandúa mexicana, con su pelaje bicolor de negro y amarillo pálido, es una presencia silenciosa en los bosques del Caribe colombiano, más activa de noche que de día, más tímida que llamativa. Verlas perderse entre el follaje del mango, la madre con su cría aferrada al lomo, fue el cierre discreto y suficiente de una tarde de campo.