
Mi Pepe Bello
Por David Alejandro Caballero De la Cruz · Colombia, Barranquilla · Periquito de alas amarilla (Brotogeris jugularis)
Hola, soy David y tengo 11 años. Esta es mi historia:
Mi papá me lo regaló. Desde el primer instante, éramos amigos: apenas me veía, Pepe me llamaba con un tierno “turrutoturo”, el mismo sonido que entonaba al despedirme rumbo al colegio o al regresar de un viaje.
Una vez viajé a Cartagena y lo dejé al cuidado de mis abuelos. El día que regresé, al oír mi voz, gritaba ese “turrutoturo” con tal entusiasmo que parecía confundir regaño con historias de sus días sin mí.
Caminaba tras de mí como un perrito leal, aunque para mí era mejor que cualquiera: un compañero de plumas, risas y secretos.
Con el tiempo, investigué sobre su cuidado y descubrí que los periquitos verdes necesitan una dieta variada de frutas, verduras y semillas, y que son aves muy sociales: viven en bandadas y extrañan a sus iguales si están solos. Entendí entonces que mi cariño debía incluir enriquecer su jaula con juguetes, compartir frutas frescas y, sobre todo, brindarle la compañía de otros periquitos, no mantenerlo aislado.
El día que se escapó, algo en mi interior se rompió. Lo busqué en cada rama, cada rincón de la casa, hasta que, al asomarme al patio, vi un grupo de periquitos verdes revoloteando entre los árboles y escuché un alegre “turrutoturo”. En ese instante entendí que su destino era volar libre junto a los suyos.
Cada mañana pasaba por mi ventana y se posaba en el árbol de al lado, dejándome suyo ese mismo canto que me recordaba que, aunque libres, siempre seríamos amigos.
“Mi Pepe Bello” —como lo llamo con orgullo— me enseñó que quien ama, da libertad. Hoy lo imagino feliz, explorando el mundo con sus alas verdes, reunido con otros de su especie, viviendo mil aventuras bajo el sol de nuestra tierra.
**Había un periquito que soñaba volar,
Pepe le llamaban con sueño de escapar;
miraba por la jaula pensando en el mar,
y soñaba cielos donde él podía cantar.Su dueño David lo cuidaba sin cesar,
pero Pepe quería el mundo explorar;
practicó y practicó hasta saltar,
y un día al fin su jaula supo abandonar.“¡Libre soy!” sus alas hicieron gritar,
pero el vacío pronto vino a hallar,
una soledad que le hacía pensar
que la casa de David era su hogar.Por las noches su canto guardó,
anhelando esos ojos que amor le dio;
pasaba por la casa donde vivió,
extrañando al amigo que siempre lo cuidó.Vio la ventana y no quiso volver,
aunque su triste alma empezaba a arder;
libre era, pero no podía ceder,
mi Pepe Bello, te vengo a agradecer.**
– Autoría canción: David Caballero (11 años)
Análisis y reflexiones desde Fundación Loros
En Fundación Loros aprendemos cada día que los loros no son regalos ni juguetes. El cautiverio puede causarles accidentes graves e incluso mortales cuando caen en manos inexpertas. David tuvo la sabiduría de investigar cómo ofrecerle a Pepe una dieta variada de frutas, verduras y semillas, y de entender que estas aves necesitan compañía de su propia especie para estar realmente bien.
La conexión entre David y Pepe demuestra que el cariño trasciende las barreras de la especie: un niño de 11 años y un periquito pueden compartir un vínculo profundo, hecho de ternura, respeto y ese inconfundible “turrutoturo” que une sus voces.
Pero el verdadero destino de un loro es su bandada. Estas aves son seres sociales que viven en grupo y se apoyan mutuamente. Mantenerlos aislados o liberarlos sin preparación pone en riesgo su bienestar y su vida.
Cuando Pepe alzó el vuelo y se encontró con otros periquitos que lo llamaban, su integración fue natural, pero esto no siempre sucede así. La liberación de un loro que ha vivido en cautiverio debe ser un proceso responsable: rehabilitación gradual, adaptación al entorno y seguimiento. La rehabilitación debe incluir entrenamiento de vuelo, formación de bandadas, reconocimiento de alimentos naturales, y la adaptación al entorno debe ser paulatina.
Por todo ello, invitamos a las familias a no regalar loros. En su lugar, disfruten viéndolos libres en reservas naturales o parques, participen en talleres y voluntariados, y practiquen la observación de aves. Si quieren atraer periquitos a su entorno, planten árboles frutales—mangos, mamoncillo, ciruelos, guayaba, banano, jobo, zapote, según la región—y descubran cuáles frutos prefieren las especies locales. Así ayudamos a que estos maravillosos pájaros vivan en comunidad, libres y saludables.
Pepe vive feliz con su bandada, y David puede observarlos desde su ventana; ambos en libertad. Así debe ser: protegiendo y respetando la libertad de cada individuo.
