
miércoles, 29 de abril de 2026
Los titís curiosean en casa ajena
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
Carlos los vio llegar juntos, como siempre llegan: los siete. El grupo de monos tití apareció esta mañana entre las ramas del árbol de caucho que crece junto a la casa Paraíso, moviéndose con esa agilidad inquieta que los caracteriza, sus pelajes blancos y negros destellando entre el verde espeso de la vegetación.
Lo más llamativo no fue el número ni la algarabía —eso ya se lo esperaba uno— sino el momento en que uno de ellos se asomó por el orificio de una de las cajas nido de madera instaladas en el área. La cabecita curiosa apareció por el hueco circular como quien espía por una puerta entreabierta. Adentro no había loros. Solo el tití, explorando ese espacio construido para otros.
No hubo encuentros con los verdaderos inquilinos. Quizás los loros andaban lejos, quizás nunca llegaron ese día. Pero la imagen quedó registrada: un tití asomado a una casa que no es suya, mirando hacia afuera con esa expresión de quien no encontró lo que buscaba, o quizás de quien no buscaba nada en particular.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.


