
¿Qué hacemos?
Fundación Loros no debería existir. Si los loros vivieran libres en los bosques donde siempre han estado, si nadie los arrancara de sus nidos para venderlos o exhibirlos, si su hábitat no desapareciera bajo el concreto y las motosierras, esta organización no tendría razón de ser. Pero existe, porque todo eso ocurre.
Cada animal que llega a la Fundación —rescatado del tráfico ilegal, decomisado, abandonado o entregado tras años de tenencia no autorizada como mascota— tiene una historia, un daño que reparar y el derecho a una segunda oportunidad. Cuidamos individuos concretos. Ese cuidado es el punto de partida de todo lo que hacemos.
Tres preparaciones simultáneas
Devolver la libertad no es solo abrir una jaula: supone que el individuo y el entorno que lo recibe estén preparados. Toda nuestra actividad se orienta a construir esas condiciones.
Preparar al individuo
Rehabilitamos, entrenamos y acompañamos a cada animal hasta que cuente con las habilidades de vuelo, alimentación, socialización y respuesta a amenazas que le permitan sobrevivir y prosperar en libertad. Trabajamos con biólogos y veterinarios, bajo supervisión de CARDIQUE.
Preparar el entorno natural
Restauramos el bosque seco tropical que acoge a las aves liberadas: producimos material vegetal nativo en vivero propio, reforestamos, mantenemos nidos artificiales y la infraestructura ecológica necesaria para que el ecosistema disponga de alimento, refugio y conectividad suficientes para sostener poblaciones silvestres viables.
Preparar el entorno humano
Trabajamos con las comunidades del territorio para transformar la relación entre las personas y la fauna silvestre: que se entienda que los psitácidos son seres inteligentes y sintientes, que su captura y tenencia son ilegales en Colombia, y que un animal libre vale más que uno en cautiverio. Creemos que la conservación puede ser motor de desarrollo local — el aviturismo, el turismo científico y el turismo de naturaleza son alternativas reales a la captura.
Un modelo austero y naturalista
Privilegiamos un modelo de operación alineado con los estándares internacionales de bienestar animal. Aplicamos un principio de mínima manipulación: evitamos el confinamiento en jaulas pequeñas, el aislamiento y la intervención innecesaria. Reconocemos que los loros requieren espacio amplio e interacción con sus iguales.
El destino de cada animal sigue una jerarquía clara: primero, reintegración al entorno natural mediante liberación gradual; segundo, semi-libertad o libertad intermitente con acompañamiento; tercero, custodia temporal de rehabilitación; y solo cuando ninguna de estas vías sea viable, custodia permanente. La permanencia indefinida en cautiverio sin función ecológica, educativa o científica no es un resultado aceptable.
Más allá del santuario
La fauna que liberamos no se queda dentro de los límites de la finca. Por eso nuestro modelo trasciende el centro de rehabilitación y se convierte en un modelo de gestión territorial participativa de la biodiversidad: trabajamos con propietarios vecinos, comunidades rurales y autoridades locales para construir corredores biológicos, áreas de protección, refugios y prácticas productivas compatibles con la fauna silvestre.
Vinculamos a campesinos como guardianes del territorio, promovemos sistemas silvopastoriles y agroforestales, y compartimos protocolos replicables con otras organizaciones para que la ciencia que generamos en Villanueva sirva al país.
El mejor resultado posible
El éxito de la Fundación Loros se mide por una pregunta sencilla: ¿hacemos cada vez menos falta? El mejor resultado posible de este esfuerzo es que las poblaciones de psitácidos se sostengan por sí mismas, que las comunidades hayan hecho suyas las prácticas de conservación y convivencia, y que el territorio funcione sin necesidad de una organización que lo cuide.










