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Fundación Loros
El día en que el santuario no dejó de sorprender

viernes, 20 de marzo de 2026

El día en que el santuario no dejó de sorprender

Por Omar Enrique Verdugo Cabeza, Cuidador de las aves


Ese viernes de marzo, Omar Enrique Berdugo Cabeza salió a recorrer los predios de la Fundación Loros y el sector de Los Guardianes como si el santuario entero hubiera decidido ponerse en exhibición. Todo empezó al lavar las bandejas de las aves: al voltear una, apareció una ranita marrón diminuta, tranquila sobre la palma de su mano como quien posa para un retrato. Luego fue Negrillo, el loro, que sin más anuncio bajó y se posó en su hombro. En el aviario 2 encontró un livo pollero atrapado que no hallaba la salida; más adelante, los seis titis estaban todos presentes a la hora de comer. Y en el camino de regreso por Los Guardianes, una casita abandonada le guardaba su propia sorpresa: un golero juvenil que se había criado ahí, entre paredes sin dueño. De vuelta en la fundación, la vida siguió apareciendo a cada paso — un geco de cabeza naranja sobre los ladrillos, un ácaro rojo como una gota de terciopelo en la corteza de un árbol, una mantis religiosa tan pequeña que cabía en la yema de un dedo, un saltamontes verde sobre una rodilla, una iguana negra entre las hojas secas, mariposas rondando las flores y una poyoneta visitando la terraza. En un árbol de caucho, un ave de pico y cola amarilla y plumaje negro que nadie esperaba. Pero la imagen del día llegó al final: en un árbol de níspero, dos loros silvestres habían elegido la caja nido donada para establecerse, tranquilos y libres, como si ya supieran que ese espacio era suyo. No muy lejos, los loros de los aviarios 1 y 2, acalorados por el verano, recibían el chorro de una manguera y se frotaban contra las hojas mojadas para que las gotas frescas les quedaran entre las plumas.

Sobre el autor

Omar Enrique Verdugo Cabeza · Cuidador de las aves

Omar trabaja en Fundación Loros desde 2023. Conoce el monte y el Cerro El Peligro mejor que nadie. Pasó de ser cazador a protector de la fauna. Hoy, los loros lo reconocen y lo siguen cuando regresa a casa, reflejo de un vínculo construido con respeto y transformación.

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