La EPA y la Armada devuelven el monte a sus dueños
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros·Revisado por Alejandro Rigatuso
Ese día llegaron en grupo al corazón de la reserva: funcionarios de la EPA Cartagena con chalecos verdes y gorras de campo, uniformados de la Armada Nacional con sus camuflados y sus armas al hombro, y el personal de la Fundación con las manos ya acostumbradas a este oficio. Traían cajas de cartón, jaulas de metal, bolsas blancas — la carga discreta de quienes devuelven lo que el tráfico ilegal le quitó al monte.
Entre los animales liberados ese día había armadillos que salieron despacio entre la hojarasca, midiendo cada paso como si no terminaran de creer que el suelo era suyo otra vez; una serpiente — lo que parece ser una boa constrictor — que se deslizó sin prisa entre el pasto seco; y al menos un ave que esperaba su turno en una jaula pequeña. El recorrido los llevó por los senderos boscosos de la Fundación y hasta la orilla de un cuerpo de agua, donde se hizo también una inspección del lugar entre la vegetación densa y las colinas del Caribe.
Nadie celebró con aspavientos. Los animales se fueron adentrando en el bosque y el grupo siguió caminando, como si la jornada fuera simplemente eso: devolverle a cada uno lo que siempre fue suyo.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.