Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
En algún punto entre el follaje y las coordenadas —10.4347, -75.2426, donde Alejandro marcó el lugar desde el campo— Nicolás está instalando una nueva jaula para el programa ARA. Hay un árbol en ese punto, o eso creen, y por eso se pidió confirmar la ubicación exacta antes de dar el trabajo por sentado. Así trabaja la Fundación: primero el mapa, luego el martillo.
La jaula está pensada para albergar alrededor de veinte individuos de guacamaya —azul y amarilla o roja, según lo que el proceso confirme: Ara ararauna o Ara macao—. Veinte loros de esos que llenan el cielo de escándalo y color, que necesitan espacio para recuperarse antes de volver a volar libres. La instalación sigue en proceso, y el punto en el mapa está pendiente de verificación.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.