
viernes, 3 de abril de 2026
Diecisiete guacamayas y una cheja en los alrededores
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
La mañana del 2 de abril llegó con más color del esperado. En los alrededores del santuario, alguien contó diecisiete guacamayas y una cheja moviéndose por la zona — un avistamiento que no pasa desapercibido aunque el día esté ocupado en otras cosas. Alejandro lo registró al día siguiente, con la economía de palabras de quien sabe que los números hablan solos.
Dentro del aviario, dos guacamayas rojas (Ara macao) se tomaban su tiempo frente a las bandejas del desayuno: trozos de tomate, pepino, semillas de girasol. Detrás de la malla metálica, las buganvilias rosadas florecían como si también quisieran participar. Un poco más allá, en el área donde todavía se levantan los marcos de madera del nuevo recinto, dos guacamayas azul y amarillo (Ara ararauna) se habían instalado sobre una percha improvisada. Una de ellas abrió las alas de par en par bajo el sol de la mañana, sin apuro, como midiendo el espacio que tiene por delante.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.

