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Fundación Loros
Los dos regalos de Lucerito en Reyes

viernes, 13 de marzo de 2026

Los dos regalos de Lucerito en Reyes

Por Nilson


La tarde del seis de enero, cuando el sol ya bajaba sobre los potreros del santuario, el cuidador Nilson salió a hacer su ronda de rutina entre el ganado y las vacas preñadas. No esperaba encontrar nada fuera de lo ordinario. Pero ahí estaba Lucerito, una vaca marrón rojiza, y a sus patas no uno sino dos terneros recién nacidos: primero llegó uno, y media hora después, el otro. Una hembra y un macho, como doble regalo de Reyes. Lucerito los lamía con esa calma antigua que tienen las madres en el campo. Sin embargo, los dos terneros necesitaban ayuda para alimentarse, y Nilson no dudó: sacó la botella que guardan para estos casos y les dio de comer uno por uno, de noche, alumbrado apenas por una linterna. La hembra ya se había puesto de pie sola; el macho todavía no, pero respiraba bien y recibió su tetero sin problema. Parto gemelar en el hato del santuario no es cosa que pase seguido. Esa noche, con los tres descansando en el potrero y las colinas oscuras al fondo, Nilson cerró su ronda sabiendo que el día había valido la pena.

Sobre el autor

Nilson

Nilson empieza cada mañana en el establo, ordeñando mientras la luz apenas toca el cerro El Peligro, su rincón preferido de la finca. Sabe leer a los animales con precisión: un pelo opaco, unos ojos llorosos o una cojera al levantarse son señales que no se le escapan. Recuerda con claridad una vaca que se caía por debilidad en las patas y otra con una herida que nunca cerraba. Lo más duro, dice, es cuando un animal enferma y el diagnóstico no llega. Su imagen del futuro es sencilla y precisa: una manada de loros sobrevolando libremente el territorio, y los vecinos mirando hacia arriba.

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