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Fundación Loros

sábado, 28 de febrero de 2026

La poza que guarda memoria y nidos

Por Omar Enrique Verdugo Cabeza, Cuidador de las aves


Omar Enrique Berdugo Cabeza salió esa mañana rumbo a su labor cuando decidió dar un rodeo por el Arroyo de los Guardianes. Antes de ver nada, lo primero fue el sonido: cantos de aves que se abrían entre los árboles como si el santuario estuviera despertando a su propio ritmo. Más adelante, unas flores salpicaban el sendero con color, y Omar siguió caminando hasta que el camino lo llevó adonde tarde o temprano lleva a todos: la Poza de los Borrachos, ese lago que todavía carga en su nombre las historias de los campesinos que venían a refrescarse después de una parranda, y de las mujeres que llegaban con sus bateas en la cabeza, hacían una pelota de jabón de perro y golpeaban la ropa con el manduco hasta sacarle el sucio, para luego abrirla a secar en la orilla. Cuando el sol empezó a alumbrar el agua esa mañana, Omar se acercó despacio a unos nidos que encontró entre la vegetación del lago. Un ave lo encaró de inmediato — sin atacar, pero sin ceder — con ese lenguaje que no necesita palabras: este nido es mío. Omar reconoció en ella el parecido con una tiamaría y se retiró con respeto. De regreso hacia su punto de trabajo, el cierre lo pusieron unas pollonetas, cantando alegres como si quisieran rematar la jornada con música.

Sobre el autor

Omar Enrique Verdugo Cabeza · Cuidador de las aves

Omar trabaja en Fundación Loros desde 2023. Conoce el monte y el Cerro El Peligro mejor que nadie. Pasó de ser cazador a protector de la fauna. Hoy, los loros lo reconocen y lo siguen cuando regresa a casa, reflejo de un vínculo construido con respeto y transformación.