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Fundación Loros
Noventa y siete litros al amanecer

sábado, 7 de marzo de 2026

Noventa y siete litros al amanecer

Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros


Todavía era de madrugada cuando Eder, Nilson y Jender llegaron al corral del sector Guardianes de la Reserva. El suelo de tierra húmeda aún guardaba el frío de la noche, y las vacas — Brahman blancas, Gyr de lomo alto, y algunas que podrían ser Girolanda — se movían despacio entre las cercas de madera mientras los terneros cafés pegaban el hocico buscando su parte. Los tres encargados de la ganadería de la Fundación Loros se pusieron manos a la obra: balde en mano, el ordeño manual de siempre, el mismo de cada mañana. Al final de la jornada, la cuenta fue clara: 97 litros de leche. Todo se entregó a Juancho, comprador externo, sin que quedara nada para venta al público ese sábado. No hubo fanfarria ni registro especial — solo tres hombres, un hato y el trabajo callado que sostiene la vida en la reserva antes de que el resto del mundo despierte.

Sobre el autor

Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros

Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.

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