miércoles, 25 de febrero de 2026· 10.4342, -75.2419
Rastros en la yuca, señales de alerta
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
Fue Omar quien primero lo notó: palos de yuca cortados en varios sectores de la reserva, y lo que parecían ser vísceras abandonadas entre la vegetación. Alejandro recibió el reporte y salió a verificar. En campo, un campesino vecino —Yego— se acercó de buena fe a contar que él mismo había estado por la zona y quería que lo supieran, para que no fueran a sospechar de él. Su aviso llegó a tiempo para empezar a hilar el rompecabezas.
La pregunta que quedó flotando en el aire fue quién o qué estaba detrás del daño. Las pistas apuntan en varias direcciones: podría ser un tigrillo, un gavilán, o alguno de los búhos que rondan por esos sectores. Nada descartado todavía.
Del recorrido salieron dos conclusiones concretas: hace falta una casita para un cuidador permanente en esa zona, acompañado de un perro guardián que disuada a los depredadores. Y hay que ponerles láminas a los árboles y a las jaulas, para dificultar el acceso. La reserva tiene ojos nuevos gracias a vecinos como Yego, pero también necesita sus propias defensas.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.