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Fundación Loros
La ardilla, el rocío y el loro que aprende a callar

domingo, 15 de marzo de 2026

La ardilla, el rocío y el loro que aprende a callar

Por Omar Enrique Verdugo Cabeza, Cuidador de las aves


Esa mañana, Omar Enrique Berdugo Cabeza recorrió el santuario con un grupo de visitantes que dejaron sus nombres en el olvido pero se llevaron algo más duradero: la imagen de los loros verdes sobrevolando los sectores B12, B11 y B07, posándose cerca, sin miedo, como si llevaran toda la vida esperando compañía. Fue entre ese vuelo y ese asombro cuando apareció, discreta, una ardilla silvestre bebiendo el rocío que la madrugada había dejado dormido sobre las hojas de plátano — uno de esos instantes que el santuario regala sin avisar. Más adelante, en los aviarios 1 y 4, las guacamayas ya estaban en lo suyo: pimentón, cacahuate, papaya, banano y girasol, el desayuno de siempre, disfrutado con esa solemnidad colorida que solo ellas tienen. Pero fue en el aviario 3 donde la mañana guardó su momento más silencioso. El loro real emitía sonidos imitativos — esa costumbre tan humana que en él suena a trampa — y el equipo, fiel al protocolo, respondió con silencio. Porque aquí la meta no es que el loro aprenda a hablar como nosotros, sino que olvide cómo hacerlo, para que el día que cruce la cerca hacia el monte, vuele libre de todo lo que le enseñamos.

Sobre el autor

Omar Enrique Verdugo Cabeza · Cuidador de las aves

Omar trabaja en Fundación Loros desde 2023. Conoce el monte y el Cerro El Peligro mejor que nadie. Pasó de ser cazador a protector de la fauna. Hoy, los loros lo reconocen y lo siguen cuando regresa a casa, reflejo de un vínculo construido con respeto y transformación.

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