domingo, 22 de marzo de 2026
El número 2 y sus doce compañeros
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
Durante años, el guacamayo número 2 cargó con un veredicto que parecía inapelable: era demasiado manso para vivir en libertad. Había crecido tan cerca de los humanos, tan acostumbrado a su presencia, que muchos dudaban de que pudiera encontrar su lugar entre los árboles. Pero los animales, a veces, se encargan de desmentir lo que creemos saber de ellos.
El 21 de marzo, Alejandro Rigatuso lo encontró en el sector de los aviarios de Ara, cerca del Cerro El Peligro, y lo que vio no dejaba espacio para la duda: el número 2 volaba integrado a una bandada de unos doce guacamayos, como si siempre hubiera sido así.
Llevan meses en libertad. Ya no es el guacamayo manso de los aviarios — es uno más entre doce, en una bandada que se mueve y decide junta. A veces la mansedumbre no es una condena, sino simplemente el punto de partida.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.
