
sábado, 21 de marzo de 2026
B177 tiene alas pero olvidó usarlas
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
En el aviario 1, aferrado a la malla metálica con la misma tranquilidad de quien lleva demasiado tiempo quieto, el loro amazónico B177 FL-VN observa el mundo desde su percha sin mayor prisa por despegar. Alejandro lo encontró así esta tarde: plumaje verde brillante con detalles amarillos en la cabeza y manchas rojas en las alas, todo en orden, todo completo. El problema no está en las alas —están enteras— sino en algún lugar más difícil de ver. Este loro simplemente no vuela, o no quiere, o ya no recuerda bien cómo.
El cautiverio deja esa huella silenciosa. No siempre se trata de heridas visibles ni plumas cortadas, sino de un hábito que se fue apagando poco a poco mientras los días pasaban iguales dentro del recinto. B177 necesita que alguien lo convenza de que el aire todavía es suyo. El equipo de rehabilitación empezará a trabajar con él en actividades de estimulación de vuelo, con paciencia, sin apuros —que en este oficio los afanes no sirven de mucho.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.


