Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
José Marín caminaba por uno de los sectores de bosque de la reserva cuando lo vio: un tití cabeciblanco solitario, quieto entre la maraña de troncos delgados y ramas entrecruzadas. Era el 24 de marzo y el bosque mostraba sus señales de verano — hojas amarillentas, ramas caídas, el cielo encapotado de gris. El animal estaba solo, sin rastro de grupo, observando desde la vegetación densa con esa mezcla de curiosidad y cautela que caracteriza a los Saguinus oedipus.
Lo que también quedó registrado ese día, y vale la pena dejarlo sentado para los análisis que vendrán, es que en ese mismo sector hay cinco árboles de mango. No es un detalle menor: los mangos son fuente de alimento y los titíes lo saben bien. Quizás eso explique la presencia solitaria del animal en ese punto, o quizás no — pero la coincidencia merece seguimiento.
José dejó constancia del avistamiento con tres fotografías del sector. La especie está catalogada en peligro crítico de extinción y cada registro en la reserva suma a la historia de lo que aquí persiste y se mueve.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.