viernes, 27 de febrero de 2026
Cinco de la mañana con Eder, Jender y Nilson
Por Nilson
Cuando todavía la oscuridad cubre la reserva y los pájaros apenas comienzan a despertar, Eder, Jender y Nilson ya están de pie. A las cinco de la mañana del 27 de febrero, los tres arrancaron con el ordeño del ganado, ese ritual silencioso y frío que marca el ritmo de los días en la Fundación Loros.
Terminado el ordeño, la leche tomó su camino hacia la puerta de la finca, lista para que el comprador la recogiera. Mientras tanto, uno de los compañeros se encargó de llevar el hato a pastorear, distribuyendo las tareas con la precisión sencilla que solo se aprende con el tiempo y la confianza entre el equipo.
Esta es la rutina que hoy sostiene la ganadería en la reserva: trabajo repartido, madrugada compartida, y tres hombres que conocen bien cada animal y cada paso del oficio.
Sobre el autor
Nilson
Nilson empieza cada mañana en el establo, ordeñando mientras la luz apenas toca el cerro El Peligro, su rincón preferido de la finca. Sabe leer a los animales con precisión: un pelo opaco, unos ojos llorosos o una cojera al levantarse son señales que no se le escapan. Recuerda con claridad una vaca que se caía por debilidad en las patas y otra con una herida que nunca cerraba. Lo más duro, dice, es cuando un animal enferma y el diagnóstico no llega. Su imagen del futuro es sencilla y precisa: una manada de loros sobrevolando libremente el territorio, y los vecinos mirando hacia arriba.
