
martes, 3 de marzo de 2026· 10.4483, -75.2593
Roble y polvillo florecidos al mismo tiempo
Por Nilson
Nilson caminaba solo ese martes cuando el bosque le dio una sorpresa doble: el roble y el polvillo habían decidido florecer juntos. Desde las coordenadas donde se detuvo, cerca de Cartagena, el paisaje olía a campo abierto y se veía salpicado de amarillo por todas partes — las flores del polvillo, de cinco pétalos con el centro ocre, cubrían el suelo entre la vegetación rastrera como si alguien las hubiera sembrado a propósito.
El bosque no estaba quieto. Un carpintero trabajaba en algún árbol invisible, el chau chau se anunciaba a lo lejos, y entre ellos se colaba el chiflido suave de un pajarito que Nilson escuchó pero no alcanzó a ver. En un momento, una mariposa roja con líneas blancas cruzó el recorrido y siguió su camino.
Era mediodía, Nilson estaba solo, y el bosque tenía más vida de la que uno esperaría en una tarde de marzo.
Sobre el autor
Nilson
Nilson empieza cada mañana en el establo, ordeñando mientras la luz apenas toca el cerro El Peligro, su rincón preferido de la finca. Sabe leer a los animales con precisión: un pelo opaco, unos ojos llorosos o una cojera al levantarse son señales que no se le escapan. Recuerda con claridad una vaca que se caía por debilidad en las patas y otra con una herida que nunca cerraba. Lo más duro, dice, es cuando un animal enferma y el diagnóstico no llega. Su imagen del futuro es sencilla y precisa: una manada de loros sobrevolando libremente el territorio, y los vecinos mirando hacia arriba.
