Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros·Revisado por Alejandro Rigatuso
Fue un gesto sencillo pero preciso: Alberto se paró en un lugar del territorio, sacó el dispositivo y tomó las coordenadas. El punto quedó marcado — 10.444723, -75.264038 — como una promesa enterrada en la tierra antes de que lleguen las primeras raíces.
Ese sector está siendo considerado para una jornada de reforestación en alianza con Decameron, y este registro es el primer paso formal del proceso. Alejandro ya tiene el punto mapeado y listo para compartir con la organización, para que el plan pueda avanzar con una referencia concreta sobre el terreno.
Así empieza muchas veces el trabajo en Los Loros: no con grandes anuncios, sino con alguien que camina hasta un claro, se detiene, y dice aquí.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.
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