
domingo, 29 de marzo de 2026
La guacamaya que ya no cabía en el aviario
Por Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros
No todos los pájaros llegan a la libertad por el mismo camino. Este *Ara severus* —guacamaya verde de carácter difícil— salió del aviario 1 de la Fundación Loros no como un triunfo tranquilo de rehabilitación, sino como una decisión urgente: el ave había desarrollado una agresividad sostenida que el equipo ya no podía ignorar, y existía la sospecha fundada de que había matado a uno de sus compañeros de encierro.
Fue Omar y Alberto quienes ejecutaron la liberación, un domingo de marzo en un entorno rural rodeado de árboles y tierra de patio campesino. En la foto que llegó desde el campo, la guacamaya aparece posada sobre una estructura metálica, verde y quieta por un instante, mientras al fondo unas gallinas siguen con sus asuntos como si nada. No había ceremonia. Solo el momento en que el ave extendió las alas y demostró, con vuelo firme, que su cuerpo al menos estaba listo para lo que venía.
A veces la rehabilitación termina así: sin aplausos, con una pérdida adentro y una partida afuera. La guacamaya se fue porque era necesario. Y porque ya volaba bien.
Sobre el autor
Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso llegó a la Fundación Loros después de años como vicepresidente de Growth Marketing en Toptal, y trajo consigo una mirada poco convencional: sabe que un animal está bien por los ojos, "bien, bien abiertos". Lorenzo, el primer loro liberado, recapturado varias veces y siempre vuelto a volar, lo marcó para siempre. Al atardecer, cerca de las cinco y media, lo encuentras en el Mirador de las Ciénagas o rondando el Cerro El Peligro, imaginando torres de observación y cientos de loros nativos sobrevolando una reserva que una comunidad entera sienta suya.
