By Alejandro Rigatuso, Fundador y Director de Fundación Loros·Reviewed by Alejandro Rigatuso
Alguien de Villanueva decidió hacer lo correcto. Llegó con un armadillo vivo entre las manos — sano, entero, con su caparazón de bandas intacto — y lo entregó voluntariamente. No hubo trámite largo ni explicaciones difíciles. Solo el gesto simple de quien sabe que ese animal no le pertenece.
Carlos Alberto lo recibió con guantes de trabajo en el monte seco de la reserva, donde el suelo de raíces expuestas y hojas secas ya anunciaba el hábitat del animal. Lo sostuvo por la cola, como manda el manejo correcto, y lo puso a caminar entre la vegetación del sotobosque. El armadillo no tardó mucho en desaparecer entre las ramas.
Esas entregas voluntarias dicen algo sobre la gente que rodea Los Loros: que cuando el monte les pone un animal en las manos, saben a quién llamar. Y que hay más de una manera de cuidar un territorio.
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Alejandro Rigatuso · Fundador y Director de Fundación Loros
Alejandro Rigatuso arrived at Fundación Loros after years as Vice President of Growth Marketing at Toptal, bringing with him an unconventional perspective: he knows an animal is well by its eyes, "bright, wide open." Lorenzo, the first parrot released, recaptured several times and always set free to fly again, marked him forever. At dusk, around five-thirty, you'll find him at the Mirador de las Ciénagas or wandering around Cerro El Peligro, envisioning observation towers and hundreds of native parrots soaring over a reserve that an entire community calls their own.
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